PARIS

París

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“¡Dios mío, qué bonita es esta ciudad! Al atardecer se llena de enjambres de luz, un resplandor sin igual en la oscuridad”, esto escribía Stefan Zweig a su primera esposa, Fridericke, desde París, el 26 de enero de 1924. París es esa ciudad que como señala P Deville, “en la que el río corre todavía entre dos hileras de estantes de libros”. Como decía Rick (Humphrey Bogart) a Ilsa (Ingrid Bergman), en Casablanca, “siempre nos quedará París”.

París es la ciudad de la gastronomía y es que el primer restaurante, con el concepto actual, se inauguró en Paris en 1765. La palabra restaurante es parecida en casi todos los idiomas. La historia parece ser viene Del mesonero Boulanger, quien en la calle Des Poulies, abrió su casa de comidas y puso un letrero, en latín popular, a la entrada, “Venite ad me omnes qui stomacho laboratis et ego restaurabo vos” (Venid a mí los que tenéis el estómago débil y yo os restauraré). En uno de los primeros restaurantes, la Tour d´Argent, el cardenal Richelieu ofreció un festín terminando la comida con algo nuevo, una tacita con un brebaje llamado café. Pero París es sinónimo de “bistró” y cuentan que el origen de la palabra bistró viene del ruso, cuando los soldados cosacos, durante la batalla de París, en 1814, pedían su comida gritando: “bystro, bystro”, que quiere decir rápido, rápido.

París es la capital europea que ha asistido a más desfiles de ejércitos invasores a lo largo de su historia moderna.

París es literatura. Lo dijo Oscar Wilde, los mejores norteamericanos mueren en París. Ha sido el alojamiento de todo escritor que lo ha deseado y han ocupado sus cafés para escribir, Ernest Hemingway, Gertrude Stein, Joyce, Hemingway, Cortázar o Miller entre otros muchos, y antes Charles Baudelaire, Honoré de Balzac, Victor Hugo o Alexandre Dumas vivieron la bohemia de París.

El distrito IX es el más literario, pero no el único. Conserva los más 12 mil tomos de la Biblioteca Nacional de Francia y la Shakespeare & Co., librería en cuya planta superior los escritores (o tumbleweeds) aún puede quedarse a dormir a cambio de velar por el establecimiento. Además de los cafés literarios, como el Bristot Philo o el Café Filosófico de la Plaza de la Bastilla.

Se puede descubrir el París literario, la Maison de Balzac, donde el escritor francés se inspiró para escribir “La Comedia Humana”; la casa de Victor Hugo, donde empezó “Los Miserables”; el Café de Flore, en el boulevard Saint-Germain, punto de reunión de escritores como Hemingway, Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir o Truman Capote; la Casa de Getrude Stein, en la rue de Fleurus número 27 punto de reuniones literarias en los años 20. En Montparnasse, las “brasseries” de las que eran asiduos Ernest Hemingway, Jean Cocteau o Ezra Pound. La Closerie des Lilas, donde escribieron escritores como Oscar Wilde y Apollinaire. Menos conocido, en la avenida Marigny un rayo golpeó un viejo castaño, cuya rama cayó sobre el escritor austriaco Odön von Hovráth, el 1 de junio de 1938. Y, por supuesto, el cementerio de Père-Lachaise, donde descansan los restos de Balzac, Molière, Marcel Proust, Gertrude Stein o Oscar Wilde, enterrado cerca también de Maria Callas, Edith Piaff o Jim Morrison.

París ha sido un reclamo para la cultura hispana, Julio Cortazar, fue un representante de la ciudad, vivió en la rue Pierre-Fontaine, cerca de Pigalle, también vivieron Sebastián Iradier, compositor de la habanera “El arreglito”, que Bizet llevó a su ópera Carmen. Autor de la habanera “Ay, chinita que sí, ay chinita que dame tu amor!” y en Faubourg Saint-Honoré, 314, murió el compositor Arriaga. En 1903, Ramón Gómez de la Serna, residió en el boulevard Saint Michel, en el Hotel de Suez. Sus experiencias las publicó en la revista madrileña Prometeo (1908-1912).

El Instituto Cervantes de París organiza rutas literarias, el poeta César Vallejo, el escritor Julio Cortázar, la hondureña Consuelo de Saint Exupéry, Dalí o Juan Goytisolo.

Pero además también ha sido la ciudad de artistas, pintores, escultores o fotógrafos, Pablo Picasso o Henri Matisse. Al final de una callejuela está el museo de la vida romántica. Una deliciosa casa, de 1830, perteneciente al pintor Ary Scheffer, que reproduce el ambiente romántico de los salones literarios de su época. La planta baja está dedicada a la escritora George Sand. En el primer piso, los cuadros del pintor Ary Scheffer están rodeados por obras de sus contemporáneos.

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